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CONFLÍCTO DE DIAGNÓSTICO, EL SÍNTOMA SIN TRATAMIENTO.

Todo síntoma y proceso físico que experimentamos en nuestro cuerpo, lo que llamamos “enfermedades”, son programas biológicos de supervivencia que responden a una situación puntual que nuestra psique percibe como una amenaza. La biología nos prepara para afrontar esa “amenaza” para poder responder de la mejor manera, solucionado la situación o separándome de ella, comenzamos el camino de reparación y ordenamiento de nuestro organismo.



Mas allá de esta importante información, en esta oportunidad, me parece interesante abordar un tema que es fundamental a la hora de afrontar los síntomas en nuestro cuerpo y que trae aparejado un problema que pocos lo percibimos y que solo trae mas percepción de conflicto sino lo hacemos consciente.


Cuando experimentamos algún síntoma físico, la mayoría de las personas acuden al médico para que nos brinden un diagnóstico. En las consultas, suelo siempre solicitarle al consultante, si lo tiene, el diagnóstico del médico tratante, saber exactamente el proceso físico, ayuda a ser más específicos y certero a la hora de detectar el sentido biológico por el cual se activó el síntoma.


Lo cierto que en los casos más “graves”, el diagnóstico deja de ser una foto del momento, y pasa a ser un pronóstico que para nuestro organismo se convierte en una nueva “amenaza” que implica activar un proceso más de supervivencia o reforzar el que ya se experimenta. En estos temas, siempre me gusta parafrasear a Hipócrates “para curar el cuerpo, primero debemos sanar el alma”


De lo que estoy hablando, es de lo que algunos llaman Conflicto de Diagnóstico, que es el hecho de interpretar el diagnóstico por parte del médico, o el sentir que activa la persona al escuchar el mismo, o la suma de ambas cosas, la cual termina potenciando la cituación.

Pongamos un ejemplo… Una persona acude al medico luego de haberse hecho un chequeo y el profesional le informa que le han diagnosticado cáncer de pulmón. Este tipo de cáncer se experimentan principalmente en personas que están viviendo desde hace mucho tiempo con la sensación de miedo a la muerte, peligro de muerte o “me voy a morir”, sea un peligro real o simbólico, (en próximas entregas les traeré este tema en profundidad).


Este diagnóstico activa un sentir en la persona, “estoy en peligro de muerte” o “me voy a morir”, reforzando aún más el sentir que activó este programa en su cuerpo. Por otro lado, un error que cometen algunos galenos, es hacer un pronóstico del tiempo que pueda tener de vida, con tratamiento o sin tratamiento.


Por eso es fundamental lograr retener y recordar el momento del diagnóstico para poder liberar la carga inconsciente que le agregamos al escuchar un diagnóstico. Luego de tener esta información, es fundamental tener en cuenta siempre, que los diagnósticos no son pronósticos, esto favorece el proceso de reordenamiento de nuestro organismo, evitando mayores dolores o tiempo de recuperación.


Es fundamental que las madres y los padres tengan esta información presente, ya que, en caso de niñas y niños menores de 7 años, lo que sienten sus padres, también lo sienten ellas y ellos, y con el valor agregado de que no intelectualizan de la misma maneras que nuestros los “pronósticos”. Actuar con la mayor apertura a futuras posibilidades, evitar culpas y de reproches, permite que el pequeño no se cargue con más programas que no eran necesarios.


Recordar que nuestro inconsciente es inocente y que no distingue entre lo real y lo simbólico, entre un peligro de muerte real, como puede ser una situación donde casi nos atropella un auto, o simbólico, sentir miedo a la muerte por cuestiones que creamos en nuestra psique.


Los peligros reales, son los más fáciles de distinguir y hasta de solucionar, ya que cuando los dejamos de percibir con nuestros sentidos, la sensación de peligro desaparece. Por otro lado, los peligros simbólicos, son muy sutiles y muchas veces heredados de nuestro transgeneracional y detectarlos lleva una tarea más intensa. En muchos casos, desactivar el conflicto de diagnóstico es el primer paso para que la persona complete el proceso de sanación.




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Mi nombre es Fabián Gussoni, naci en Montevideo Uruguay, soy padres de una niña y un niño. Durante más de 9 años me desempeñé como docente en Instituto Crecer (Colegio INCRE) y todo ese tiempo, logré formarme y adquirir experiencia en Educación Holístico. También fui creador del Taller Espacio de Recreación y Juego Saludable (2011), que se aplicó a los niños y niñas de primaria. De 2011 a 2013, formé parte del equipo coordinador de Pedagogía 3000 y del Enlace Mundial para Una Nueva Educación.

 

A partir de 2014 luego de tomar contacto con la Nueva Medicina Germánica y la Bio Decodificación, logré desarrollar, junto a la experiencia en educación holística y el manejo de herramientas como PNL e Inteligencia Emocional, la metodología de Salud Integral y Crianza Saludable.

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