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El amor no es tener a alguién, es ser en relación a alguien.

Una de las grandes confusiones que ha tenido la humanidad a lo largo de su historia, es el uso que le damos a la palabra amor en relación a la pareja. Durante miles de años el amor en la pareja, está más asociado a un sentido de propiedad y pertenencia, que a una experiencia de contemplación, aceptación e integración de la otra o el otro.


Aún hoy cuando hablamos, nos referimos cómo mi mujer, mi marido, tengo una pareja, tengo un matrimonio. Lo cierto es que en la expresión se encuentra implícita la idea de pertenencia, de propiedad; sin darnos cuenta, anclamos con el lenguaje esa idea de que yo tengo a alguien y que ese alguien es dependiente de mí y está para satisfacer mis necesidades emocionales.


El desafío está cuando una de las dos partes, resuelve terminar esa relación, o por hechos desafortunados como una muerte, la relación termina abruptamente. En ese momento la persona que no estaba dispuesta a terminar la relación, experimenta una sensación de pérdida, que es más intenso dependiendo de la intensidad de pertenencia, de propiedad o de dependencia, que sentía por.


En los casos de fallecimiento, los duelos pueden ser profundos y prolongados, generando experiencias muy difíciles de superar. En caso de separación o rupturas de las relaciones, es donde comienza a jugar el “no perder lo que es mío” o “recuperar lo que perdí” y cuando esto no se logra y la persona se ve impotente ante estos objetivos, se producen, en muchos casos, los actos violentos, las invasiones a la intimidad, acosos e inclusos… “ya que no puedo tenerla, que no la tenga nadie”.


En el caso del hombre, ese sentimiento de pertenencia es mucho más fuerte, más posesivo y violento, por dos razones principales, por ser un animal mamífero con años de biología a cuesta, pero fundamentalmente, por una cultura que durante miles de años, resaltó este aspecto del “macho” de la manada, también conocido como el Sistema Patriarcal.


Herencia Biológica:

Sin dudas es innegable que tanto hombres como mujeres, tenemos una herencia biológica muy relacionada al comportamiento de la mayoría de los mamíferos, donde el macho marca el territorio donde tiene a la hembra y a sus crías, la hembra cuida el territorio y el macho sale a buscar comida. Cierto también es que esto no quiere decir que esta herencia nos limite o no podamos escapar, el hecho de ser animales capaces de razonar, hace que podamos usar esa capacidad para evolucionar más rápido que el resto de los animales.

Sin embargo, durante siglos, hemos usado la razón de tal manera que, lejos de depender más de nuestros comportamientos más instintivos y arcaicos, los hombres (siempre hablando del genero masculino), lograron mantener ese sistema de el macho todo poderoso.


La herencia Cultural:

Son siglos y siglos donde el hombre se impuso sobre la mujer, en todas partes del mundo el hombre logro mantener ese estatus biológico, el cual fue potenciado posteriormente por las religiones, donde el rol del hombre estaba siempre marcado en quién tomaba las decisiones y la mujer, en el mejor de los casos, recluida a las tareas del hogar y al servicio del hombre, en los peores casos, la mujer representaba todo lo malo, el pecado y lo impuro.


Esta visión ha prevalecido a lo largo mucho tiempo, al menos por los últimos tres mil o cuatro mil años. Con la Revolución industrial, comenzó un proceso que cambio la forma, pero no el fondo. El mercado comenzó a producir tanto que, en un momento, la gente se acostumbró a el consumo, haciendo crecer la demanda al punto que se necesitaba más mano de obra para sostener la producción.


Esto, junto a las guerras mundiales y algunos hechos históricos más, favoreció el avance de los movimientos feministas que reclamaban más posibilidades de insertarse en el mercado laboral y por ende, lograr algunos derechos (siempre los que los hombres a regañadientes cedían). Esto no va en desmerecimiento de la tarea feminista, sin duda de no haber existido estos grupos, esos procesos hubieran sido mucho más lento.


El cambio:

Lo cierto que, en los dos aspectos, la tarea está en seguir buscando desde las organizaciones sociales, el fortalecimiento de la igualdad de derechos, en lo laboral, social y familiar, a su vez la gran herramienta de cambio, es con la crianza de nuestras hijas e hijos.

Hoy principalmente en la juventud, podemos ver muchas manifestaciones de vivir sin los roles y costumbres pre establecidos, las y los jóvenes, en su mayoría, muestran un sentido más empático ante la diversidad de expresiones de género e incluso sin la limitación de esperar que asuman tal o cual rol.


Es responsabilidad de los grandes, acompañar este proceso, y fomentar una educación libre de preconceptos, de qué se espera de un varón o que se espera de una mujer. Cada ser es libre en su experiencia y debe ser apoyado para que pueda experimentar de forma autónoma, las inquietudes que su ser le manifiesta.


Generar una cultura de que no tengo una pareja, sin que, soy pareja o compañere de alguien, hace que, a diferencia de tener, que en algún momento no lo puedo tener, el soy nos acerca más a el momento y deja la puerta abierta a la posibilidad de volver a ser.

Esta forma de referirme en relación al otro u otra, es aplicable a todas las relaciones, amigues, hijes, hermanes, etc. El lenguaje nos programa nuestra forma de percibir la realidad, decir “soy amigo” en lugar de “tengo un amigo”, afirma la idea de lo que soy, sin depender de si el otro está o deja de estar, nunca dejare de ser en relación a nadie, incluso en la muerte por ejemplo de un hijo o hija, al manifestarme como soy padre de o madre de, siempre lo seguiré siendo, mientras que si digo “tengo un hijo o hija”, dejaré de tenerlo el día que muera, se mude o se case.



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Mi nombre es Fabián Gussoni, naci en Montevideo Uruguay, soy padres de una niña y un niño. Durante más de 9 años me desempeñé como docente en Instituto Crecer (Colegio INCRE) y todo ese tiempo, logré formarme y adquirir experiencia en Educación Holístico. También fui creador del Taller Espacio de Recreación y Juego Saludable (2011), que se aplicó a los niños y niñas de primaria. De 2011 a 2013, formé parte del equipo coordinador de Pedagogía 3000 y del Enlace Mundial para Una Nueva Educación.

 

A partir de 2014 luego de tomar contacto con la Nueva Medicina Germánica y la Bio Decodificación, logré desarrollar, junto a la experiencia en educación holística y el manejo de herramientas como PNL e Inteligencia Emocional, la metodología de Salud Integral y Crianza Saludable.

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