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EL TDA o TDAH "No existe" Según pediatra especialista español.

Actualizado: feb 23

El trastorno de Déficit atencional (TDA) es hoy en día un término común y familiar en las madres, padres y docentes, de niños y niñas. Es que es habitual diagnosticar a nuestras niñas o niños con esta terminología. Un médico pediatra español ha publicado un libro donde explica que no hay sustento clínico ni pruebas científica de que exista.

Cuando un infante muestra dificultad de mantener la atención en un mismo pensamiento, acción, deseo se considera TDA. Pero en realidad si nos ponemos estrictos y trasladamos esa idea a los adultos, lo cierto es que es difícil encontrar a un adulto que esté libre de esas características.


Contexto

Si bien es cierto que el concepto de TDAH es relativamente novedoso, la existencia de niñ@s hiperactivos, impulsivos, y/o con problemas de atención es trazable en la literatura científica desde el siglo XIX. Además, la similitud de las descripciones “clásicas” con las de la actualidad sustenta la coherencia diagnóstica del TDAH. Por otro lado existe la sensación de que el TDA, es un fenómeno nuevo y de las generaciones actuales.


La primera descripción de un cuadro que hoy diagnosticaríamos como un TDAH fue realizada por Sir Alexander Chrichton en 1798. El pediatra británico Sir George Frederic Still (1868–1941) fue el El “padre” del TDAH. En 1932, Hans Pollnow (1902–1943) y Franz Kramer (1878–1967) realizaron descripciones de niños “hiperquinéticos” similares a las de la actual. Por ejemplo, señalaban sus dificultades en actividades que requieren de un esfuerzo sostenido, lo que limitaba su rendimiento académico y el potencial de su inteligencia real. Pero también objetivaban que estos niños podían concentrarse en ocasiones en algunas actividades de su interés.


Las preguntas que se nos viene son ¿Todos los niños deben tener los mismos promedios temporales a la hora de concentrarse?, ¿Es para todo infante posible concentrarse por las mismas cosas? ¿Será que los niños son incapaces de concentrare o será que los grands somo incapcaces de captar su atención?


No hay prueba científica de que exista el TDA

Sin embargo, el catedrático Marino Pérez, autor de «Volviendo a la normalidad», asegura que no hay biomarcador cerebral que justifique el Trastorno por Déficit de Atención. “No existe. El TDAH es un diagnóstico que carece de entidad clínica, y la medicación, lejos de ser propiamente un tratamiento s, en realidad, un dopaje”, declaró el especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención en la Universidad de Oviedo y coautor, junto a Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo de «Volviendo a la normalidad», un libro donde dedican 363 páginas a desmitificar de forma demoledora y con todo tipo de referencias bibliográficas el TDA con y sin hiperactividad y el Trastorno Bipolar infantil. Lo que sí que existe, la “patologización de problemas normales de la infancia, convertidos en supuestos diagnósticos a medicar”.



En una entrevista a el ABC de España, el medico declaró que “El TDAH es un diagnóstico, cada vez más popularizado, que carece de entidad clínica. Para empezar, no se establece sobre criterios objetivos que permitan diferenciar el comportamiento normal del supuestamente patológico, sino que se basa en apreciaciones subjetivas, en estimaciones de los padres del tipo de si “a menudo” el niño se distrae y se mueve mucho. Más que nada, el diagnóstico es tautológico. Si un padre preguntara al clínico por qué su hijo es tan desatento e inquieto, probablemente le respondería porque tiene TDAH, y si le preguntara ahora cómo sabe que tiene TDAH, le diría porque es desatento e inquieto”.

Más adelante Pérez afirma que “No existen pruebas clínicas ni de neuroimagen (como TC, RM, PET, etc) ni neurofisiológicas (EEG, ERP) o test psicológicos que de forma específica sirvan para el diagnóstico. No se niega que tengan problemas, pero son niños, que tienen curiosidad y quieren atender a lo que sea, moverse... A sentarse es algo que hay que aprender. No existe ninguna alteración en el cerebro.


En el libro y en las declaraciones el medio español, el médico hace énfasis en el tema de hacer de una condición y un desafío a superar por parte del niño, un problema y una patología que termina “tratándose”, en la mayoría de los caso, con medicamentos que lejos de solucionar la situación, lo único que hacen es ocultarla, poniendo también el tema de las farmacéuticas en la mesa.


“Cualquiera que esté al tanto de las investigaciones no puede dejar de reconocer que en realidad no hay biomarcadores específicos por los que se pueda diagnosticar ese TDAH como una entidad clínica diferencia. Los que defienden lo contrario casualmente, suelen ser personas con conflictos de intereses reconocidos y declarados, que han recibido y están recibiendo ayudas y subvenciones y todo tipo de privilegios de diversos laboratorios.

Otro de los temas que hay que tener en cuenta al hablar de la medicación en estos casos, es lo que refiere a los efectos secundarios, los cuales no son menores y el libro lo detalla de buena manera. “La utilidad de la medicación, hasta donde lo es, no se debe a que esté corrigiendo supuestos desequilibrios neuroquímicos causantes del problema, sino a que el propio efecto psicoactivo de la droga estimulante puede aumentar la atención o concentración, como también lo hacen el café o las bebidas tipo energéticas. La medicación para el TDAH no es, en rigor, un tratamiento específico, sino un dopaje: es la administración de fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento”.


En relación a la salud, “estas anfetaminas lo que producen es un efecto inmediato (si es continuado) de aumento de la presión sanguínea y cardiaca, que les puede llevar a tener a la larga más riesgos cardiovasculares. Tampoco les debería sorprender su efecto sobre el retraso del crecimiento”.


Por lo tanto lejos de ser una enfermedad, es una conducta de la niña o niño que nos está indicando que los grandes somos quiénes tenemos que prestar más atención a la relación que tenemos con ellos. “Lo difícil hoy en día es que los padres puedan tener una atención más continuada y sosegada con los niños. Pero la atención y la actividad se pueden aprender, y mejorar. Hay estudios hechos y publicados en la versión americana de Mente y Cerebro con niños pequeños abocados o candidatos a recibir el diagnóstico. Se les enseñaba a los padres a realizar diversas tareas con esos pequeños, con el objeto de educar la atención y su impulsividad. Y se ha comprobado que con estas actividades consistentes en juegos tipo “Simon dice”, donde uno tiene que esperar a responder cuando se le pide algo, se ha logrado que los niños mejoren y controlen la impulsividad o los comportamientos que les abocaba al TDAH”.


Cómo en muchos otros temas, llegamos al punto en que los que más tenemos que aprender somos los que enseñamos, que cuando un docente, una madre o un padre ve un problema en la niña o niño al primero que debemos corregir somos a nosotros. CUANDO HAGAMOS UNA CRITICA NO USEMOS UNA LUPA, USEMOS UN ESPEJO.



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Mi nombre es Fabián Gussoni, naci en Montevideo Uruguay, soy padres de una niña y un niño. Durante más de 9 años me desempeñé como docente en Instituto Crecer (Colegio INCRE) y todo ese tiempo, logré formarme y adquirir experiencia en Educación Holístico. También fui creador del Taller Espacio de Recreación y Juego Saludable (2011), que se aplicó a los niños y niñas de primaria. De 2011 a 2013, formé parte del equipo coordinador de Pedagogía 3000 y del Enlace Mundial para Una Nueva Educación.

 

A partir de 2014 luego de tomar contacto con la Nueva Medicina Germánica y la Bio Decodificación, logré desarrollar, junto a la experiencia en educación holística y el manejo de herramientas como PNL e Inteligencia Emocional, la metodología de Salud Integral y Crianza Saludable.

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